Dos medidas que minoran la precariedad laboral y mejoran la productividad

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11 septiembre 2019

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La historia ha considerado la lucha de los derechos de los trabajadores como uno de los logros de la sociedad occidental en los siglos XIX y XX. Parece indiscutible que desde los abusos de la empresa con sus trabajadores en pos único de la productividad, que se produjo en la revolución industrial hasta los derechos laborales existentes hoy en día ha habido un camino largo, productivo y positivo, que creo no tiene discusión y merece su reconocimiento.

Pero la situación ha cambiado mucho. Hoy los sindicatos y las organizaciones empresariales (más estamentos políticos de cobro y gestión de dinero público que representantes de sus pocos asociados), y lo que es hoy el mercado laboral, creo que merece la pena plantear una revisión de los derechos laborales, pero no con una perspectiva de izquierdas o derechas, de sindicatos o patronal, sino con el objetivo de que el trabajador productivo y con oficio pueda desarrollarse mejor que en la actualidad.

No me parece muy razonable que el cálculo de una indemnización por despido dependa exclusivamente de las razones del mismo.

Un empresario responsable, que lleve un cálculo de las obligaciones de pago que está acumulando con sus trabajadores tendrá serias dudas, en el sistema actual, para subir el salario a sus mejores trabajadores, cuando sin duda eso sería lo mejor para el trabajador y para la empresa. Incluso se sentirá aliviado cuando uno de sus buenos trabajadores que lleve más de tres años en la empresa le comunique que se marcha.

A lo mejor tiene mucho sentido plantear que según los salarios se despeguen del salario mínimo los días de despido en el cálculo de las indemnizaciones por despido vayan bajando.

Así, el empresario tendrá más facilidad para subir salarios a los mejores trabajadores, lo que mejorará la productividad y directamente minorará la precariedad.

De la misma forma, si el objetivo de las indemnizaciones por despido son que el trabajador tenga un colchón económico adicional al desempleo para poder reorientar su futuro laboral, no creo que este objetivo deba convertirse en un negocio.

En casos de trabajadores “de toda la vida” los derechos indemnizatorios de un empleado coartan por completo la estrategia del empresario. Un ejemplo muy conocido: un bar en el que han trabajado codo con codo el empresario y el trabajador 40 años, el derecho indemnizatorio del trabajador será muy superior al precio de traspaso del negocio: eso no puede ser, y desde el punto de vista de la productividad de ese negocio durante muchos años es auténticamente desastroso.

Parece lógico por tanto que los derechos indemnizatorios por despido tengan un techo fijado, bien en el número de años, o bien en el volumen total en referencia al salario mínimo, para que no ocurra que el trabajador rece para que le despidan para tener el mejor negocio de su vida, mientras quien le contrató espera a que llegue su jubilación para poder cerrar el negocio o traspasarlo sin arruinarse.

Así, planteamos dos medidas puntuales que a mi entender beneficiarían al buen trabajador y generarían menos precariedad en los salarios y más productividad.  Además, dos medidas que concentra más al empresario y al trabajador en trabajo de hoy, y por tanto en la productividad, y menos en el negocio o las obligaciones del mañana.

Por tanto, medidas concretas y positivas…el problema seguramente sea que serían seguro politizadas, y eso, hoy, es un gran problema.

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