Dirección por objetivos: una clave estratégica en 4 pasos

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07 febrero 2020

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La dirección por objetivos estuvo muy de moda en los años 80 y 90 en el mundillo de los directivos y las empresas, y como muchas de las cosas que se ponen de moda acaban siendo denostadas y abandonadas.

Lo cierto es que en la actualidad las Pymes encuentra problemas para manejar de forma equilibrada la ejecución y la estrategia y la dirección por objetivos puede ser una herramienta clave para conseguirlo.

Los objetivos deben ser ambiciosos, pero conseguibles y coherentes. Deben confeccionarse teniendo en cuenta que lo más importante no es el conseguirlos sino el establecer planes de acción de medidas concretas orientadas a ello.

Los planes de acción y el control de su cumplimiento pueden ser el arranque directo para establecer un sistema de control en la empresa, y la cultura de establecer planes de acción y controlar su cumplimiento para conseguir el cumplimiento de objetivos.

Esta cultura de orientar planes de acción al cumplimiento de metas es válido tanto para el cumplimiento de objetivos mayores (actuación, rentabilidad, diversificación…) o para conseguir objetivos menores (aumento de un 15% en los seguidores en Instagram, o minoración de un 3% en los costes de producción de un determinado producto o servicio.

Uno de los mayores inconvenientes que los objetivos han generado en las estructuras empresariales ha sido que, al convertirse en la principal herramienta de gestión y control de la empresa, su elaboración se convertía en esencial y a menudo se trabajaba de forma excesiva en su elaboración. Ello alejaba a los directivos de la ejecución demasiado tiempo y llegaba a ocurrir aquello de la parálisis por el análisis.

Para que esto no ocurra es importante ser efectivo y ordenado. Los pasos a dar son los siguientes:

1.- Análisis de la situación actual: Debemos empezar por analizar el cierre del ejercicio anterior, por comparar lo ocurrido realmente con lo que habíamos previsto. Con ello y con la información del sector más actualizada podremos sacar conclusiones objetivas sobre el estado de la empresa.

2.- Estrategia. El siguiente paso es tomar las decisiones estratégicas para el ejercicio siguiente en función de las conclusiones anteriores: diversificar, aumentar producción, minorar gastos de personal… Evidentemente esta fase tiene mucha importancia, y antes de tomar decisiones precipitadas a lo mejor tiene sentido objetivar un trabajo específico de desarrollo de una de las medidas estratégicas durante un año antes de adoptarla.

3.- Fijar las cifras clave de los objetivos a corto y medio plazo (uno y tres años) en función de las decisiones estratégicas adoptadas.

4.- Confeccionar los planes de acción que deban realizarse planificando tiempo y responsables para la consecución de los resultados objetivados. La carga de trabajo que todos esos planes generen en la empresa debe ser equilibrada, porque la empresa tiene que seguir ejecutando y generando valor.

Es importante ser concreto, no pasarse ni fijando objetivos irrealizables no creando excesivos planes de acción. Si los objetivos se ajustan a estos parámetros servirán para comunicar la estrategia de la empresa, alinear al personal con ella, retribuir de forma más justa al personal… así, la dirección por objetivos se convertirá en una herramienta clave para la dirección de la empresa.

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