Mariano Rajoy: el liderazgo y el ego.

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13 junio 2016

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Una de las peleas más difíciles y constantes en el arte del liderazgo y a la que el  líder debe enfrentarse continuamente es la del control de su propio ego. Cuando el ego de un jefe empieza a descontrolarse, la visión del líder ya no es solamente la del resultado de su organización   a corto, medio y largo plazo, lo que origina que la capacidad de análisis se distorsione, y lógicamente que las decisiones dejen de ser las más convenientes para la propia organización.

En nuestra querida España tenemos muchas muestras de líderes que a lo largo del tiempo se han ido creciendo, se han ido creyendo imprescindibles de forma que sus actuaciones terminan orientándose más a perpetuar al líder en el cargo, que al resultado de las organizaciones que dirigen.

Uno de los casos más significativo fue el de un líder brillante, como Felipe González, y que empezó su mandato con amplio respaldo y mucha ilusión terminando el mismo de forma oscura y deslucida precisamente por no haber sabido retirarse a tiempo y mantenerse en la presidencia más de 15 años, con el consiguiente desgaste, desilusión, desorganización que suele terminar en abusos o en corrupción…Ahora mismo tenemos casos similares en las presidencias de muchas federaciones deportivas, como la de fútbol o la de baloncesto.

Y ahora que empieza la Eurocopa, no puedo dejar de pensar que después del desastre del último mundial, Don Vicente también debiera haber tomado la decisión de marcharse, porque no es el único entrenador competente del país, nadie es imprescindible   y un nuevo entrenador hubiera tenido mucha más libertad para hacer los cambios necesarios e inyectar nuevas energías. Por supuesto, puede que ganemos, ¡ojalá!, porque tenemos grandes futbolistas, pero no dejará de ser verdad que él no era ya el más indicado para dirigir el timón, en un equipo con necesidad de cambios, y que estos dos últimos años la selección española de fútbol no ha cambiado, no ha crecido y no ha trasmitido nada.

Pocas son las excepciones a la regla… pero alguna puede destacarse como el caso de Aznar (que incluso preparó su sustitución, aunque la fórmula fuese más o menos democrática) o Luis Aragonés. Son ejemplos de líderes que decidieron cuál era su ciclo antes de que el circo mediático y su resultado en el ego empezasen a actuar, se comprometieron en ello y lo lo acabaron cumpliendo. Es curioso que nadie se lo reconozca, y que sus inmediatos sucesores lo hayan olvidado tan deprisa.

Los americanos, que este tema lo tienen bastante más claro, no solo tienen el asunto regulado por ley para que los mandatos políticos no duren más de 8 años, sino que en todo tipo de liderazgo de equipos empresariales suelen incluir entre las responsabilidades del líder la de preparar y programar su propia sustitución. Esta forma de plantearlo es muy importante porque obliga al líder a proyectar la organización a medio plazo y verla sin él dentro. Esto es muy efectivo para mantener la objetividad en esa lucha interna que el líder tiene que mantener contra su ego.

El liderazgo de cualquier proyecto tiene una curva y una duración, los años en los que más empuje e ilusión puede aplicarse son lógicamente los primeros, y a partir de un determinado momento el cansancio empieza a aconsejar que empiece a empujar otro. Si esto se observa con la perspectiva necesaria, lo lógico es que pasada esa primera parte del ciclo (tres o cuatro años) el líder empiece a programar una sustitución que pueda producirse en otros tres o cuatro.

En mi experiencia personal puedo aportar otras dos medidas que también creo efectivas para no perder el norte en este sentido:

  • Rodearse de personal muy válido y potente que además de aportar más valor a la organización, digan las cosas como las ven. Con la misma orientación es importante identificar deprisa a los inevitables “pelotas”, para protegerse de ellos.
  • Mantener un juicio interno constante de las decisiones que se toman para asegurar que se están tomando para el bien de la empresa y sus resultados a corto, medio o largo plazo y no por otro tipo de motivaciones de satisfacción personal. Este es un trabajo interno, en el que mantener la objetividad es importante, y que debe realizarse con frecuencia para acostumbrarse a detectar internamente cuando el ego empieza a salirse de su sitio.

 

Este es un tema muy importante, y me parece especialmente oportuno en el caso de Mariano Rajoy. Sin entrar a juzgar su capacidad de gestión o sus resultados como presidente, que la historia juzgará mejor cuando pase el tiempo, parece evidente que no ha trabajado convenientemente el tema de sustitución, ya que después de no haber sido capaz de conseguir gobernar siendo la lista más votada y haber llevado al país (en una situación tan complicada como la actual) a unas nuevas elecciones, lo lógico es que a las próximas elecciones se hubiera presentado el Partido Popular con un nuevo candidato.

Seguramente todos sus competidores políticos prefieran competir contra un líder lento y desgastado que contra un nuevo líder limpio de la historia anterior, con energías renovadas, y convenientemente preparado. No creo que los resultados electorales del Partido Popular fueran muy diferentes, pero la posibilidad de pactos posteriores sería mucho más cierta, y eso es lo verdaderamente importante para el país.

Si esto es así, y yo así lo veo, solo puede entenderse que el Partido Popular no sea capaz de verlo desde el enfoque anteriormente planteado: el ego no les deja ser objetivos, se sienten imprescindibles y el equipo de personas que rodea al presidente debe estar repleto de “pelotas”.

Pero lo peor es que la visión del líder por el resultado (en un presidente del gobierno esa visión debiera ser el futuro de España) está tan difusa en la actualidad, que puede acabar sucediendo que nos gobierne la opción que según el propio presidente en funciones es la peor de todas para el país. Pues en mi opinión, y por todo lo anteriormente planteado, si esto llega a suceder los primeros responsables serán dos: Rajoy y su ego.

 

 

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