Estadística de suicidios: una vergüenza oculta

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04 marzo 2022

Estadística de suicidios: una vergüenza oculta

Hace unos días mi hijo mayor, en medio de un debate conversación de los que nos gusta mantener me dijo que en España mueren más menores de 50 años por suicidio que por covid.

Me hizo reflexionar y como cada vez disfruto más cruzando estadísticas pensé en analizar con más detenimiento el asunto. Tratar de sacar conclusiones de esos números fríos y aparentemente aburridos es un deporte muy sano para la mente, aunque a menudo la primera conclusión que obtienes es lo poco o mal que las utilizan los responsables de gobernarnos.

Suicidio y depresión

Comparativa de las muertes de COVID-19 con las muertes por suicidio

De principio me pareció que esa afirmación no podía ser cierta. Así que en cuanto pude tiré de las cifras del Instituto Nacional de Estadística para comprobar las cifras de muerte en España. Efectivamente, en el año 2020 murieron en España 15.977 personas menores de 50 años, de las que el 5,09% (813 personas) murieron por Covid (comprobado o sospechoso) y el 9,26% (1.479 personas) se suicidaron. Casi el doble de personas se suicidaron. Y el problema no puede achacarse a la pandemia porque en 2019 el porcentaje de suicidios sobre el total en menores de 50 años fue del 9,5%.

Dicen que no hay nada más duro que la muerte de un hijo, y tiene mucho sentido: lo natural es enterrar a tu padre y no a tu hijo. Pero que un hijo se suicide es todavía más duro. Subiendo el enfoque, seguramente los suicidios son la primera medida estadística del fracaso de una sociedad. Ni los responsables políticos, ni los responsables de los medios de comunicación conocen esta estadística, y si la conocen, entonces seguramente no son tan responsables.

Es cierto que las cifras de otros países de nuestro entorno son todavía peores (EEUU duplica nuestra tasa de suicidios) y países nórdicos muy desarrollados como Finlandia o Suecia son los que tienen el triste honor de liderar la tabla. Seguramente muy influenciados por la dureza del clima de sus países, pero esta no puede ser una excusa. Los datos son meridianos: la salud mental es un problema grave y así debería analizarse.

Comparativa de la muerte por suicidio con el resto de muertes accidentales

Pero todavía es más impactante comparar la estadística de suicidios con otros tipos de muertes accidentales. En 2019 se suicidaron en España 3.671 personas, mientras que los homicidios fueron 292 (más de 12 veces menos) y por accidente de tráfico murieron 1.842 personas. El suicidio es el principal tipo de muerte accidental (causa externa de mortalidad, según el Instituto Nacional de Estadística).

Convendremos que no parece proporcional el esfuerzo normativo y de inversión que los responsables políticos destinan a los accidentes de tráfico comparado con los suicidios.

Y no hablemos de la enorme desproporcionalidad del tiempo que los medios de comunicación destinan al morbo de los homicidios respecto de los suicidios.

Pues nada, sigamos contando a diario la estadística de cifras de abuelos y no vacunados muertos por COVID-19. Sigamos a la vez sin una ley de educación consensuada por todos los partidos y visiones. O sin una ley que nazca de informes serios y profesionales sobre la salud mental de nuestra sociedad, que invierta y regule al respecto.

Hablando de estrategia, cualquier responsable que piense en su sociedad a medio plazo tendrá que priorizar los principales problemas de la juventud a los principales problemas de los más mayores. Los jóvenes son el futuro de la sociedad. Ellos son los que estarán presentes para gestionar las consecuencias de las decisiones que se tomen hoy. Esto no tiene que ver con el respeto a las personas mayores sino con el futuro de la sociedad.

Una vez más la estadística los vuelve a desnudar: cortoplacismo e irresponsabilidad.

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