¿Qué les falta a nuestros líderes?: La motivación trascendental

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20 diciembre 2017

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Cuando parece que la grave crisis económica que ha pasado la economía occidental empieza a superarse, y llega el momento de sacar conclusiones, uno de los aspectos que parecen no haber cambiado es la falta de líderes que orienten las políticas económicas y sociales.

Hace unos días asistimos el esperpéntico ejemplo del expresidente de la federación española de fútbol. Después de 40 años presidiendo dicha federación, llegó a afirmar en una rueda de prensa que el gobierno español ha dado un golpe de estado para quitarle su puesto y que el mismo gobierno será el responsable de que España no juegue el mundial de fútbol de 2.018.

Sin entrar en criterios éticos y jurídicos, leyendo ayer esas declaraciones me surgió una pregunta: ¿pero a este señor le importa algo el fútbol español?, pues evidentemente hace mucho tiempo que no. Hace muchos años que confunde sus intereses y los de la organización que presidía. Cuarenta años rodeado de pelotas, escuchando que era imprescindible y generando redes de clientelismo dan para alejar a cualquier persona de la realidad.

Pero los líderes en cualquier ámbito deberían repetirse cada mañana cuando se peinan que nadie es imprescindible y cuestionarse honestamente si siguen aportando realmente a la organización lo que la organización necesita. Y es ésta la característica que creo falta en muchísimos de los líderes actuales: la motivación trascendental.

La motivación trascendental es aquella que es superior a las motivaciones internas (ego, superación…) y externas (reconocimientos, dinero…) para conseguir pensar lo primero en la empresa y poner todo lo demás (incluido uno mismo) en un segundo término.

Este tipo de personas saben que no pueden estar más de ocho años en el mismo puesto ni siendo un crack, porque la organización necesitará otras miras y nuevas energías. Las personas con motivación trascendental  gobiernan sus organizaciones alejándose de pelotas y personalismos para rodearse de gente brillante y crear equipos eficientes.

Las grandes empresas valoran este tipo de profesionales, pero desgraciadamente los partidos políticos, y las organizaciones sociales valoran más otras características personales mucho menos importantes.

Mientras esto sea así, seguramente sería aconsejable, por ejemplo, que la ley no permitiese a nadie permanecer más de ocho años en ningún puesto público de responsabilidad. Entre otras cosas esto producirá que nadie se crea imprescindible y que el responsable en cuestión sepa cuál es su fecha máxima de caducidad, en la que deberá verse obligado a empezar una nueva trayectoria profesional completamente diferente a la que ahora asume.

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